Me cuesta elegir. Y eso es todo lo que me quita el sueño. Una elección puede corromperme desde dentro, rechinarme los dientes, cortarme la respiración hasta las lagrimas.
Siento una profunda admiración por la vida y sus múltiples opciones, tanto es así que no puedo desechar. Y así mi vida es una suma de cosas que se vuelven contra mí y me quitan el tiempo-aire. La sensación (deseo) de explotar y volverme millones de partículas hechas de sal.
Tener que.
Explotar.
La imagen (deseo) de volverme bomba y, llevándome todo lo que toco, volar.
El deseo del suicidio que vuelve una y otra vez, al acecho de mis momentos trágicos.
Pequeña heroína de pacotilla que no puede decidir entre ser y no ser.
Pero es un alivio tu calor, por las noches, tu cuerpo soñador e infeliz. Sentirme unida a alguien en un vínculo mágico. Y la magia que me hace olvidarlo todo, casi por completo me olvido de mí. Y todo sos vos, para no tener que ser... Y elegir. Exploto en un deseo de tenerte siempre. Ser vos.
Me muevo con mi cuerpo gatuno, restos de lo que fui. Y mirando todo como una gata encerrada me mantengo calentita en la cama.
Deseo volver a ser gata. Una cachorra.
No tener que elegir.
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